El contrato humano que Internet significa

Vivimos en una sociedad hiperconectada, no hay duda de ello. Al mismo tiempo podemos estar enviando tweets, hablando por Skype, enviando mensajes por Whatsapp, chateando por Facebook y diciendo “Me gusta” en lo que hace nuestro círculo de personas, subiendo un video en YouTube, pineando unas imágenes en Pinterest, cargando la imagen de la puesta de sol desde nuestro smartphone, comprobando la bandeja de entrada del email por si de repente pasa algo que podría cambiar el mundo, ¡ah sí!, y por último trabajando, si nuestro modo multitarea no se bloquea antes.

Ahora somos accesibles a cualquier persona en el mundo –más o menos– y no es difícil entrar en contacto con el director de RRHH de Virgin; es posible contactar con el director de publicaciones de editorial Alienta, y es francamente sencillo conectar con proveedores o clientes potenciales. Sin embargo, olvidamos algo: que sea accesible para todos no significa que todos deban hacerlo. Que esa persona al otro lado responda, no significa que todas deban responder siempre. Que no haya un contrato, no significa que no existe; que no lo firmes no significa que no lo aceptes.

Sin embargo, cuando conectamos, olvidamos qué ocurre en la otra parte, cómo puede sentirse la persona con la que conectamos, qué pasa en su entorno, cuál es su ritmo de vida, qué podría estar haciendo en ese exacto momento; cómo se siente, si ha tenido un buen o mal día, quizá tenga problemas o no pase por un buen momento… Una pista: al final somos personas, aunque aún me parece más terrorífico aquella persona que ni siquiera hace un esfuerzo por comprender a la persona con la que conecta.

Se trata de respeto, empatía, consideración y apreciación por la otra persona. Se trata de no invadir la “vida social” de otra persona cada vez que se nos pasa por la cabeza una idea; se trata de entender dónde esa persona interactúa y el tipo de interacción que realiza en cada una de las plataformas de la Web Social, para saber la forma, manera, tono y momento apropiado para hacerlo. Estoy seguro de que tu tiempo vale mucho para ti, el de la otra persona también.

Piensa y entiende cómo la parte con la que deseas conectar se relaciona, piensa, interactúa, crea conversaciones, ayuda, se entretiene, divierte y trabaja, y entonces habrás ganado la partida.

Antes de invadir o asaltar alguna conexión, piensa que existe un contrato humano entre ambas partes:

  • Que podamos conectar no nos da derecho a conectar siempre que queramos.
  • Todos estamos protegidos por un círculo de conexión, resonancia y alineamiento… Antes de contactar deberíamos trabajar, conectar y ofrecer utilidad para pertenecer a ese círculo.
  • No usamos el Whatsapp para enviar tesis doctorales ni emails convertidos en mensajes. Es más, quizás no usamos este servicio de manera profesional. ¿Por qué asumir que podríamos contactar con alguien por Whatsapp? Y, sobre todo, ¿cómo hemos conseguido el número de teléfono para contactar?
  • Los mensajes de Facebook quizá no sean el mejor sitio para hablar sobre el trabajo o resolver dudas, y más cuando tratas de que el perfil no aparezca en ningún sitio profesional donde pudieran contactarte. Si entras a un sitio web o blog, y no ves el icono de Facebook, podría ser por alguna razón.
  • Puedes contactar a otras personas sin necesidad de que tengan que seguirte en Twitter. Si quieres contactar con ellas, entra en su sitio web o en su blog.
  • LinkedIn es una red social profesional, por lo tanto un lugar excelente para contactos, conexiones, preguntas, respuestas, debates, consultas o recomendaciones. Me pregunto por qué lo olvidamos tan a menudo.
  • Si decides contactar por el motivo que sea: ayuda, consultoría, proyectos –incluso aunque tu intención sea que la otra parte lo haga de manera altruista–, sé serio, profesional, rápido y no te andes por las ramas: di exactamente lo que quieres.
  • Sé directo y muy claro. Si quieres ve y expón clara y exactamente en qué quieres ser ayudado. Si no lo sabemos nosotros mismos, la otra persona menos.
  • No vayas a tratar de colar tus promociones o discurso de ventas que luego acaban en recomendar tu producto, entrar en tu blog o extraer información útil. Muchos lo hacen así, pero prueba tú a decirlo abiertamente. Ahorrarás mucho tiempo, y la otra parte agradecerá tu sinceridad y transparencia al dejar claro lo que pretendes.
  • Las personas esperan que seas tan auténtico como tú esperas que lo sean ellos.
  • Contesta a todos los tweets y mensajes directos, haz RT, menciona y apoya iniciativas; y, si alguna vez no lo haces… bueno, somos humanos.
  • Es posible ayudar a una persona, hablar de su negocio, recomendarlo, impulsarlo, utilizar la influencia, incluso hasta hacer una donación, todo ello sin necesidad de que te siga en Twitter. ¿Revolucionario, no es verdad?
  • Recuerda que la comunicación se microfragmenta cuando es por email, así que conoce qué es lo que puedes comunicar por correo electrónico, qué necesita una llamada y qué un contacto directo.
  • Si conectas por Skype y Google+, sé concreto, rápido y conciso, sin rodeos. Entonces habrá más sesiones.

La palabra conectar es sencillamente fascinante, pero su significado todavía es desconocido para muchos. Entiende el contrato humano que has firmado cuando utilizas la Web Social, cuando conectas y cada vez que interactúas. No es un papel o un PDF que almacenas en tu tablet; es un contrato de principios, congruencia, ética e ideales. Cuando incumplas el contrato, la audiencia te ignorará.

“Tienes el mismo derecho a alcanzar a cualquier persona, que esa misma persona tiene a rechazarte”.

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9 books, 61 clients, 62 biz advised, 432 speakings, 4.690 articles, 38 projects, 519 lectures, 7 companies, 22 adventures, 43 experiments, ∞ fails.

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